miércoles, 21 de abril de 2010

¿EN QUÉ NOS PARECEMOS MÁS A DIOS?

Todos al nacer heredamos unos genes por los cuales nos parecemos en algo a nuestros padres, sea por el físico, los gustos, que a veces, en el transcurso del tiempo, hasta pueden cambiar o los cambiamos; pero siempre quedan algunos que son tan intrínsicos que son inmutables.

En lo que más nos parecemos a Dios, puesto que hemos sido creados a su imagen y semejanza, es en el SEXO, energía misteriosa, arrolladora y sin la cual no existiría la vida.

Dios es el CREADOR de todo, y nosotros PROCREADORES, más parecido no se puede tener.

El sexo es lo más sublime, lo más grande, lo más placentero, lo más fructífero y al mismo tiempo, lo más abyecto, lo más ridículo, lo más humillante y a veces, lo más destructivo.

El sexo vive dentro de nosotros como una jauría de perros, a veces, tranquilos, satisfechos; pero en la mayor parte de nuestras vidas, andan rabiosos enjaulados y, al menor descuido, nos muerden a nosotros y a los demás con sus inevitables consecuencias para todos.

¿Qué sería de nosotros si no tuviéramos controlada la energía eléctrica, la nuclear, la hidrográfica etc, etc.?

Ya sabemos lo que nos sucede cuando no hemos sido capaces de controlar la del sexo: Embarazos no deseados, Adulterios con terribles consecuencias familiares, Enfermedades venéreas, Caprichos que salen caros, etc, etc.

Lo triste de todo esto es que muy pocos aceptan los consejos eficaces, seguros y que están de acuerdo con lo que Dios manda, que no son otros que saberse dominar, no acercarse a las estopas, porque con el fuego que se lleva dentro, salta la chispa.

En una palabra, guardar una castidad controlada, que si se lleva bien, dará a la larga, más placer y podrá ser PROCREADORA que es para la que ha sido dada por Dios.

Una energía descontrolada o adulterada siembra la muerte que es lo que está sucediendo con la promiscuidad sexual, el condón, la píldora y el aborto consentido y hasta fomentado.

El Gobierno que legislara castigando, no con cárcel, tan traída y llevada con demasiada demagogia, sino imponiendo una multa a la abortista, al abortisto y a la clínica, recaudaría, de momento, más que con el IRPF y a la larga se evitarían muchísimos abortos, si es lo que realmente se pretende y no otra cosa injusta y contra natura.