sábado, 5 de junio de 2010

DIOS A LA CARTA

Tratamos a la Divina Providencia como el que se sienta en un restaurante sin un euro en el bolsillo y encima pide para comer a la carta.

Lo indigno por nuestra parte, lo misterioso y amoroso por parte de Dios, es que nos atiende siempre; pero no a nuestro gusto y lo hace porque nos quiere y le agrada tanto estar a nuestro lado, que no le importa que abusemos de ÉL y encima LE critiquemos porque no nos ha concedido lo que, a veces, hemos pedido como demasiada insistencia.

Si hacemos un recorrido a nuestra vida y si recordamos alguna petición no correspondida por Dios, podremos comprobar que si la hubiera concedido, nos habría sido perjudicial.

Y es que Dios es el PADRE más SAPIENTÍSIMO y AMOROSÍSIMO de todos los tiempos y por lo tanto es el único que sabe lo que más nos conviene.

Alguien dirá: Si Dios sabe lo que nos CONVIENE ¿Para qué molestarle pidiéndoselo? El que así preguntara, ¡¡Qué poco conoce a Dios!!

Como por desgracia, sólo nos acordamos de Dios como de “Santa Bárbara cuando truena” y Él lo que desea es estar con nosotros, no tiene otro modo de ponerse en contacto con nosotros que obligándonos a tener que ponernos en contacto con ÉL por medio de la SÚPLICA confiada y duradera.

Cuanto más tarde en concederla, más tiempos nos sentiremos obligados a estar a su lado.

No hará falta meterse en una iglesia, que en algunos casos, estará mejor porque allí está presente en la Eucaristía; pero si no se puede, es suficiente con entrar dentro de uno mismo que es donde también está Dios porque como dijo San Pablo. “En Dios, somos, vivimos y nos movemos.”

Que nuestra súplica no sea nunca como la de aquel que decía: “Señor dame paciencia; pero que SEA YA.”

Bien es verdad que el que espera, se desespera, pero también es verdad que “Con paciencia y una caña, todo se alcanza” y El que la sigue la consigue.”

Sobre todo recordemos lo que Jesucristo dijo:

“Pedid y recibiréis, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá.”

El día que consigamos sentar a Jesucristo en nuestra mesa, no para darle un banquete a la carta, sino sencillamente entablar una íntima conversación de TÚ a tú, sentiremos una felicidad desconocida.

2 comentarios:

berta dijo...

Que gran verdad, bendigo a Dios en mis necesidades, tambien en mis alegrias, pero si no sufrieramos de alguna necesidad seguramente que ni nos acordariamos de El, de El que es todo amor,todo bondad, todo misericordia. Bendito sea Dios ahora y siempre

Roque Pérez dijo...

Muchas gracias, mi estimada Berta, por estar de acuerdo con la idea que quiero inculcar. Ojala hubiera muchos como Vd.