miércoles, 9 de mayo de 2012

¿Por qué tanto ODIO o AMOR por un CRUCIFICADO?

           El día de la Purificación de María y Presentación del Niño Jesús en el templo de Jerusalén,  Simeón poseído por el Espíritu Santo, dijo a María, su madre:

 “Puesto está para CAÍDA y LEVANTAMIENTO de muchos en Israel y para signo de CONTRADICCIÓN y una espada atravesará tu alma para que se descubran los pensamientos de muchos corazones”.

         Dios al ponerse a nuestra altura haciéndose hombre, lo hizo para que pudiéramos conocerle, tratarle y al saber que voluntariamente murió CRUCIFICADO por amor a nosotros, le amáramos, aunque sólo fuera por agradecimiento ya que  no hay mayor amor que el que de da su vida por los demás.

         Pero muchos, al ver a Jesucristo, sólo como hombre y CRUCIFICADO lo despreciarían, odiarían y CAERÍAN en el abismo.

         Otros muchos, al verlo como DIOS y CRUCIFICADO, se LEVANTARÍAN hasta lo más ALTO, poniendo al descubierto los pensamientos de sus corazones agradecidos y AMANTES.

         ¿Por qué precisamente los POBRES que son los CRUCIFICADOS de este mundo son los que más desprecian, odian y ofenden con sus blasfemias al que fue POBRE y CRUCIFCADO como ellos?

         Si Dios tiene la culpa de sus males y pobreza y encima no existe para ellos,  ¿Qué consiguen con odiarle y ofenderle?

Y Si existe, ¿No sería mejor y más productivo SUPLICAR su ayuda, puesto que es PODEROSO y aunque no lo crean también es su PADRE?

         Lo que sucede en estos aberrantes comportamientos de algunos POBRES en masa, es que son manipulados por unas minorías de poderosos hipócritas  para que con sus mayorías sociales y votos, les ganen sus guerras partidistas.

         Jesucristo llamó a Satanás Padre de la MENTIRA y por eso sus seguidores que se llaman protectores de esos POBRES, les prometen y fomentan un estado de BIENESTAR social al alcance de la mano; pero cuando se consume  ese BIEN que se reparte alegremente y no saben, no quieren o no pueden crear NUEVOS BIENES, al verse esos POBRES en la miseria, se indignan, protestan, algunos se desmadran  y por desgracia, lo pagan contra Dios y sus seguidores. Así se escribe y se repite la historia.

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